Como toda historia de cualquier emprendedor sacrificado y que
no se amilana a nada, la de Noé Jiménez no es la excepción. Este gran
empresario, nació en un pobre caserío de Ayabaca, para que a los 13 años y con
solo el segundo grado de primaria, tuviera que migrar a Piura y luego a la
ciudad de San Ignacio, en Cajamarca, donde fue comerciante de arroz y café. Al
mismo tiempo, trabajaba como peón agrícola con el fin de juntar capital e ir
ampliando el negocio del arroz y café. Sin embargo, debido al paquetazo
económico del 90´, se quedó tan solo con 2 sacos de café y arroz.
En 1993, pudo regresar a Piura, dedicándose al principio a la
venta de refrescos en la cual le fue muy bien ya que tenía hasta 5 personas que
lo ayudaban. Pese a ello, era un trabajo difícil ya que los policías
municipales lo botaban por considerarlo un vendedor informal; por lo que vio
necesario comprar un módulo dentro del mercado, todo esto gracias a un capital
que pudo obtener durante años pasados.
Pero fue en el año 1999, cuando se compró un perol y comenzó
con el negocio de los chifles, al comienzo no tuvo mucha acogida, ya que no era
la mejor calidad. A pesar de ello, con el paso del tiempo se comenzaron a
vender en bodegas y hasta para las lonchera de los escolares. Así que, bajo el
precio del kilo de los chifles de S/.12.00 a S/.8.00, para hacerle frente a la
competencia. Otro de los grandes pasos que dio, fue la formalización de su
negocio, ya
Tuvo como todo empresario épocas difíciles, según Noé la peor
fue en el 2003 cuando lo reubicaron en la Zona Industrial, al comienzo le fue
complicado pero gracias a las distintas capacitaciones del Ministerio de
Trabajo supo seguir adelante. Parte de este progreso se da a conocer, en las 2
cocinas a base de carbón de piedra lo cual le hace ahorrar combustible y darle
un mejor aspecto a sus chifles.
Su principal anhelo en la actualidad es la exportación de
chifles, pero para eso quiere modernizar su empresa con maquinaria actual y así
aumentar la producción.
OPINIÓN: La historia de Noé Jiménez y la
chiflería “EL AYABAQUINO”, es sin lugar a duda una historia de sacrificio
e inteligencia. A mi parecer, es una historia impresionante que relata de
inicio a fin todas las perspicacias que tuvo que pasar para lograr formar una
empresa sólida y que aún inspira a más.

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